martes, 12 de julio de 2011

Deja que te cuente que llegó el verano...

Hay veces que para escribir se necesitan unas horas solo y tranquilo. Y qué mejor que hacerlo cuando te toca hacer guardia en la oficina, guardia por si a alguien se le ocurre llamar a altas horas de la noche españolas.
El calor se ha apoderado de las calles de Nueva York, la gente usa sus pantalones más cortos y sus camisetas más escotadas para evitar el calor del sol, que aunque a veces escondido detrás de las nubes o dejando que algunas gotas de agua refresquen la ciudad, no deja de enseñar sus mejores rayos. Los pies son los más cuidados en esta época del año, buenas y baratas ofertas de manicura y pedicura se reparten la ciudad.
Y es cuando uno echa de menos un buen día de piscina, rodeado de sus mejores amigos o un día de sol en la playa untado en crema para no pelarse y que el moreno aguante hasta el fin de la temporada veraniega.
Pero aún así, aquí en Nueva York no se tiene sensación de verano, la Quinta Avenida sigue llena de gente entrando y saliendo, cargando con miles de bolsas y recorriendo todas las tiendas en busca de lo que te hace un poco más especial, en busca de algo que has comprado en la Gran Manzana. La calle 47 sigue con su habitual vida judía, entre anillos de compromiso y vistosos collares. Tus compañeros de trabajo siguen teniendo la misma cara de sueño, con un poco más de color, pero con sueño. Sigue haciendo frio en la oficina, porque nunca funcionó la calefacción y porque ahora el aire acondicionado quiere enseñar que él funciona, y que encima funciona bien.
Pero si buscas, si pones empeño en encontrar lo que hace que sea verano, incluso en Nueva York, lo encuentras.


Un día cualquiera Estados Unidos tiene a la mayoría de sus habitantes pendientes de unos fuegos artificiales, de los más espectaculares se comenta. Y es ahí, cuando definitivamente, sabes que es 4 de Julio, día de la Independencia estadounidense, y que el 21 de Junio, día oficial del comienzo de verano, ya ha pasado y todo tiene sentido.
                                                            


Falta un compañero de trabajo, que detrás de ti, observaba cuales eran tus movimientos de mano con el ratón. Corres a las 15.30 para dormirte una siesta o para subirte con una hamaca al rooftop entre los rascacielos de la ciudad que desprende calor del negro asfalto. Empiezan a llover visitas y no encuentras hueco para colocar a todos los que quieren conocer Nueva York en verano. Entre los platos de la nevera encuentras gazpacho, ensalada de pasta y pastel de atún. Los ventiladores giran al ritmo de la música de unos nuevos altavoces y en los cajones ya no hay mantas ni bufandas, sino anti mosquitos y crema de sol. El armario está algo más vacío, ya no hay jerseys de lana que ocupaban todo, sino camisetas y pantalones cortos que dejan hueco a las rebajas.
Unas rebajas que llevas esperando mucho tiempo, ¿quién no ha oído hablar de las rebajas de Nueva York? La palabra “Sale” se lee por todas partes y no puedes evitar echar un ojo a lo que vas a colocar en tu armario una vez recibas lo que te hace falta para poder ir de rebajas.
Empiezas entonces a pensar que sí, que es verano y que tú también necesitas una vacaciones. Te apetece salir del calor, del ritmo rápido y cambiar una silla de oficina y un ordenador por un volante y una carretera desconocida. Qué mejor que la “Route 1” para pasar unas vacaciones que recordarás siempre. Y no sólo porque en tu maleta vas a llevar 3 bikinis, una camiseta de “California Dream” y una toalla que abandonarás al final del viaje. Sino porque sabes, desde el día que compraste el billete, que lo mejor de todo va a ser la compañía.
Y sí, es verano en Nueva York, pero cuando uno vive aquí prefiere disfrutar de él en otros lugares en los que corra un poco el viento y huela a mar.