jueves, 21 de abril de 2011

Deja que te cuente lo que sé hacer...

Lunes 21 de Marzo, comienzo de la primavera en el mundo entero y en Nueva York ni rastro. Nadie nos ha preguntado si tenemos frío o calor, así que para no dejarnos sin una cosa o la otra, el frío y el calor han decidido alternarse.
Una tarde sentada en el sillón, al que le has dado una oportunidad por pereza de ir en busca de una funda, te preguntas qué es lo que sabes y no sabes hacer.
¿Qué es lo que sabes hacer que nadie más en el mundo sabe hacerlo? Alguna vez se te han pasado millones de ideas, has querido probar cosas y no te han salido y otras muchas si, y entonces gritas y corres a enseñárselo a todo el mundo.
Las hay que saben bailar como pollos, y en el momento más inesperado se arrancan y te dan unas clases de baile pero desistes porque nunca sabrás mover los pies y las rodillas hacía lados distintos.
Otras saben utilizar los pies mejor que las manos y les gusta estirar todos los dedos como si fuesen a cambiar los canales de la tele con ellos. Pero eso prefieres no mirarlo ni intentarlo, los pies son cosa aparte.
Y por último, hay algunas que saben dormirse de pie, sentadas o mirando por la ventana y que siempre le dedican 10 minutos del día a esa gran habilidad. Pero en cambio, esas, no saben guiñar el ojo izquierdo.
¿Y qué pasa cuando pensabas que eras la única que sabías hacer algo? La única que sabías meterte la lata de Coca-Cola entera en la boca, alardeas de ello, pero resulta que alguien más sabe hacerlo. Y en menos de 5 minutos pasas a ser algo menos especial de lo que eras para convertirte en la segunda de las dos únicas personas que saben hacerlo.
Por mucho que sepas o no sepas hacer, llega un momento en el que echas de menos a gente, pero para que no lo notes mucho, esas personas te hacen visitas largas, cortas, veloces y llenas de energía. Durante una semana parece que la habilidad de dormir la siesta la practicas más a menudo, es difícil seguir el ritmo de los que están de vacaciones. El baile del pollo también sale a la luz en más ocasiones, aunque sea para grabarlo en video y no dejar de reírte al día siguiente y el movimiento de pies lo dejas para cuando alguien decida que es momento de ponerte sandalias y enseñar la pedicura que por 23 dólares has decido hacerte.
Visitas que te hacen reír, bailar, correr de un lado a otro, comer más de la cuenta, ponerte al día, conocer otros rincones de Nueva York, disfrutar de las personas que tanto querías ver y comprarte algún capricho para que no sean las únicas que renuevan su armario. Visitas que sabes que volverán y visitas que tendrás que seguir mandándoles mails contándoles tu día a día.
Se avecinan planes distintos, con converse o con tacón, parece que en Nueva York los planes te persiguen. Un concierto en el Music Hall de Williamsburg no suena nada mal, pero tampoco una copa en Jane Hotel o un vino blanco en el rooftop de Ink48.


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