martes, 1 de marzo de 2011

Deja que te cuente lo que he descubierto...

Dicen que uno se siente como en casa cuando te saludas con el vecino, sabes donde se tira la basura y tienes crema de calabacín en la nevera.
Pues bien, ahora ya podemos decir: “quiero terminar de trabajar e irme a mi casa”.
Durante dos días la gente se lanzó a la calle, dejando abrigos y bufandas en el armario porque parecía que ya llegaba la primavera, pero cuando ves que todo el mundo vuelve a usar orejeras te das cuenta que era sólo una característica más de esta rara ciudad. Y entonces te enfundas tus guantes y tu abrigo más gordo y decides descubrir nuevos sitios.
Qué mejor que cruzar el puente de Brooklyn para conocer a esos hipsters que dicen que desparecen de Manhattan para instalarse en una de las mejores zonas de Nueva York, Willamsburg, donde en la calle Bedford puedes recorrerte sus tiendas preferidas en busca de pantalones usados que te recuerdan a tu madre en su mejor época y cazadoras de cuero para hombre con las que jamás imaginarías a tu padre. Con millones de bolsas repletas de ropa que te la has comprado porque “total vale dos duros”, te metes en cualquier restaurante a tomarte una hamburguesa rodeada de gente con gafas de pasta y libretas con algún garabato que intentas descifrar desde lejos.
Cuando por fin se descubre que el “flea market” no es el nombre del mercadillo sino que es el mercadillo en sí, alguien te comenta que en la calle 39 con la 9 avenida está uno de los mejores. Buscando encuentras el abrigo que necesitabas, o eso le haces creer a los demás, el bolso que más te pega, el broche que alguien heredó pero que acabó vendiéndolo por 10 dólares menos de lo que dice que cuesta y la cartera en la que meter esos dólares que aún te quedan después de descubrir que aunque hayas regateado la jugada no te ha salido tan bien.  Y Anthony, rodeado de sus amigos con peluca y labios pintados, te da su tarjeta para que no te olvides de volver el domingo siguiente porque su mujer pondrá a la venta alguna cosa más que puede ser interesante y se despide de ti diciéndote que eres la mejor clienta que ha tenido nunca.
Y entonces llegas a casa, TU casa. Tu casera te comenta que puede que tengamos tres alemanes como vecinos, cosa que nos parece interesante porque el edificio es aún más internacional de lo que ya pensaste cuando oíste a varios franceses subir las escaleras. Te cuenta que la ventana no te la van a arreglar y que el cuadro que sólo pones cuando ella viene y escondes cuando cruza la puerta, es el que más le gusta. Te tomas el último trozo de tarta que queda en la nevera simulando la mejor tarta de queso con strawberry (machacando una fresa para convertirla en mermelada) y empiezas a recibir millones de felicitaciones porque en España han adelantado tu cumpleaños 6 horas.
Por la mañana te levantas sabiendo que iras a cenar a tu restaurante favorito, porque cuando uno se siente como en casa ya tiene restaurante favorito, pero lo que no te esperas es que todos han puesto de su parte para que no se te vaya la sonrisa de la cara en un día tan especial, ya sea en forma de foto familiar, cámara de fotos, piruleta o globos.

5 comentarios:

  1. Pues muchas felicidades!! (soy amiga de mery y tengo muchas ganas de conoceros). bss a las 3

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  2. Hola!también soy amiga de Mery y en dos semanitas podré felicitarte en persona!que ganas de estar en todos esos sitios que comentáis por favor!!
    beso!
    pd: me flipa vuestro blog!

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. ¡Hola! Pero bueno! ¡¡Yo también soy amigo de Mery!!

    Felicidades naranjas desde http://www.naranjasdelcarmen.com

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